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Exhibitions
Artists
Month
Year
33
Los Derivados
Alan Segal, Mercedes Azpilicueta, A. Martinis Roe, D. Jablonski, G. Kalliche, J. Arnell, K. Motallebi, M.Hollander, M. Touzón, P. Rasgado
Mayo
2017
 

Un proyecto de Alan Segal y Larisa Zmud

Chats a la madrugada: 1425
Años de trabajo: 3
Almuerzos: 22
Años de amistad: 3
Fiestas nocturnas: 5
Ferias realizadas en conjunto: 5
Comisión de ventas: 50% artista, 50% galería

En estos días es difícil saber cuándo una situación es productiva y cuándo no lo es. Los afectos son ahora también productivos. La relación entre quienes escribimos (AS y LZ), por ejemplo, reune una lógica afectiva y a la vez una comercial: amigos, galerista-artista, compañeros de estudio, co-curadores. El proceso detrás de este proyecto se caracteriza por la naturaleza híbrida de nuestro vínculo. El ritmo irregular de las condiciones de trabajo actuales y la compleja geometría de obligaciones —afectivas y comerciales— suscitaron una serie de preguntas que atraviesan esta investigación.

6 de abril de 2017, whatsapp: entre recomendaciones musicales por ejemplo Autre ne veut o FKA twing; fotos de contratapas de libros como Los condenados de la pantalla de Hito Steyerl o Estancias de Giorgio Agamben; y otros materiales que fuimos reuniendo y descartando para darle arranque al texto de la muestra llegamos a la primera conclusión.

¿Por qué no cuestionar la mercantilización de todo y la artistización de lo infinito?
El neoliberalismo amplía el terreno de lo que se puede economizar. El arte contemporáneo amplía el terreno de lo que se puede considerar arte. Lo sencillo que nos resultó realizar este ejercicio de sustitución (arte <==> neoliberalismo) y que la frase aún tenga sentido es llamativo.

8 de abril de 2017, galería: hablamos del lugar del arte y sus posibilidades, nos acordamos de los Venus, de Roberto Jacoby y de cómo introducir humor (amor) en el estado de crisis en que vivimos. Buscamos una conexión con Los Derivados.

Existe cierta fantasía en la comunidad artística de generar una moneda-arte. Un nuevo orden interpersonal no mediado por el dinero regular. La capacidad de crear valor a partir de la producción propia. Ese valor se genera tanto en el taller, en la notebook, en la biblioteca como comentando los contrastes de los lenguajes artísticos entre el eneldo y el pescado blanco que nos invitaron a degustar después de una inauguración. El capital está en la red. Gran parte del valor de mercado de una obra deriva de las conexiones sociales de sus propietarios y no de su singularidad artística. En términos históricos, esto fue siempre así.

5 de abril de 2017, departamento de Alan: un par de tazas de té (con un chorro de brandy) y una ensalada de tomate y palta. Los libros están sobre una tabla en el piso perfectamente distribuidos, sobre una de las pilas “Los Viajes de Guilliver” precipita una conversación un poco extraña.

Tiempo atrás, Jonathan Swift, propuso en “Los Viajes de Gulliver” una Academia que dejaría de lado el lenguaje humano en favor de un lenguaje cosa: si las personas deseaban mantener una conversación sobre algo, debían señalarlo. Por ejemplo para hablar de silla, mostrarían una silla; para hablar de madera, un tronco. La supuesta ventaja de este lenguaje sería la posibilidad de ser entendido por todo el mundo. Hoy que los derivados son aquello que abunda, ¿cómo sería el lenguaje diseñado por La Academia? ¿una función, un algoritmo, un script?. Ya no se trataría de un lenguaje potencialmente universal, como el intercambio entre cosas, sino de una abstracción impersonal que nadie comprende ni controla realmente. Por ejemplo, el envío instantáneo de una imagen en vivo de un extremo al otro del mundo o los packs de derivados de algoritmos que provocaron la gran caída de la bolsa de 2008. La comunicación es ahora difícil, como si faltase un link. Como si algunos archivos estuviesen offline y fuese imposible acceder a ellos. La pregunta es si podremos algún día traducir al lenguaje humano el código de la abstracción en la que estamos sumergidos.

6 de mayo 2017, mi departamento. El texto parece estar listo pero también abierto. Hay un párrafo en el que no nos ponemos de acuerdo. Cada uno escribe una propuesta para reemplazarlo.

En el foro de WordReference.com el usuario mabelroman realiza la siguiente entrada:
Me gustaría saber cuál es la mejor manera de decir si tengo un espacio de exposición en una feria ¿Debo decir booth o stand? La intención de la consulta no está exclusivamente relacionada con un interés por la precisión en el lenguaje. Tras la pregunta se esconde una preocupación: ¿qué palabra oculta mejor el carácter comercial de aquella unidad arquitectónica?

26 de abril de 2017, fiesta en el taller de un amigo. Alan me cuenta del día que leyó en un estado de Facebook que Mark Fisher se suicidó. Todo parece relacionarse con Los Derivados. Pienso que es momento de afirmar que nos encontramos ante un gran fracaso, no dejo de pensar que fue él quien nos explicó todo esto.

Hoy el anticapitalismo está ampliamente difundido en el interior del capitalismo mismo. Hay una fórmula que parece funcionar: exhibir nuestro anticapitalismo nos permite seguir consumiendo de manera impune. Estamos autorizados a seguir participando en el intercambio capitalista, siempre y cuando consideremos, en nuestro interior, que es algo muy (muy) malo.

5 de febrero de 2017, Ezeiza. Mi vuelo a Madrid está retrasado, estoy agotada. Intento leer 24/7 de Jonathan Crary. Recuerdo esa clase en donde Alan y yo leímos juntos: el sueño es el único lugar donde no consumimos. Entonces la cuestión sería activar en nuestro tiempo sensible, en nuestra vigilia, una dimensión alterna, una nueva subjetividad en relación al dinero, al cuerpo, a una obra de arte. Cuatro horas más tarde los altoparlantes anuncian la salida del vuelo. El avión con destino a Madrid donde participaremos en la feria Arco está pronto a partir.
Planeo soñar todo el viaje.

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Los Derivados
Alan Segal, Mercedes Azpilicueta, A. Martinis Roe, D. Jablonski, G. Kalliche, J. Arnell, K. Motallebi, M.Hollander, M. Touzón, P. Rasgado
Mayo 2017

Un proyecto de Alan Segal y Larisa Zmud

Chats a la madrugada: 1425
Años de trabajo: 3
Almuerzos: 22
Años de amistad: 3
Fiestas nocturnas: 5
Ferias realizadas en conjunto: 5
Comisión de ventas: 50% artista, 50% galería

En estos días es difícil saber cuándo una situación es productiva y cuándo no lo es. Los afectos son ahora también productivos. La relación entre quienes escribimos (AS y LZ), por ejemplo, reune una lógica afectiva y a la vez una comercial: amigos, galerista-artista, compañeros de estudio, co-curadores. El proceso detrás de este proyecto se caracteriza por la naturaleza híbrida de nuestro vínculo. El ritmo irregular de las condiciones de trabajo actuales y la compleja geometría de obligaciones —afectivas y comerciales— suscitaron una serie de preguntas que atraviesan esta investigación.

6 de abril de 2017, whatsapp: entre recomendaciones musicales por ejemplo Autre ne veut o FKA twing; fotos de contratapas de libros como Los condenados de la pantalla de Hito Steyerl o Estancias de Giorgio Agamben; y otros materiales que fuimos reuniendo y descartando para darle arranque al texto de la muestra llegamos a la primera conclusión.

¿Por qué no cuestionar la mercantilización de todo y la artistización de lo infinito?
El neoliberalismo amplía el terreno de lo que se puede economizar. El arte contemporáneo amplía el terreno de lo que se puede considerar arte. Lo sencillo que nos resultó realizar este ejercicio de sustitución (arte <==> neoliberalismo) y que la frase aún tenga sentido es llamativo.

8 de abril de 2017, galería: hablamos del lugar del arte y sus posibilidades, nos acordamos de los Venus, de Roberto Jacoby y de cómo introducir humor (amor) en el estado de crisis en que vivimos. Buscamos una conexión con Los Derivados.

Existe cierta fantasía en la comunidad artística de generar una moneda-arte. Un nuevo orden interpersonal no mediado por el dinero regular. La capacidad de crear valor a partir de la producción propia. Ese valor se genera tanto en el taller, en la notebook, en la biblioteca como comentando los contrastes de los lenguajes artísticos entre el eneldo y el pescado blanco que nos invitaron a degustar después de una inauguración. El capital está en la red. Gran parte del valor de mercado de una obra deriva de las conexiones sociales de sus propietarios y no de su singularidad artística. En términos históricos, esto fue siempre así.

5 de abril de 2017, departamento de Alan: un par de tazas de té (con un chorro de brandy) y una ensalada de tomate y palta. Los libros están sobre una tabla en el piso perfectamente distribuidos, sobre una de las pilas “Los Viajes de Guilliver” precipita una conversación un poco extraña.

Tiempo atrás, Jonathan Swift, propuso en “Los Viajes de Gulliver” una Academia que dejaría de lado el lenguaje humano en favor de un lenguaje cosa: si las personas deseaban mantener una conversación sobre algo, debían señalarlo. Por ejemplo para hablar de silla, mostrarían una silla; para hablar de madera, un tronco. La supuesta ventaja de este lenguaje sería la posibilidad de ser entendido por todo el mundo. Hoy que los derivados son aquello que abunda, ¿cómo sería el lenguaje diseñado por La Academia? ¿una función, un algoritmo, un script?. Ya no se trataría de un lenguaje potencialmente universal, como el intercambio entre cosas, sino de una abstracción impersonal que nadie comprende ni controla realmente. Por ejemplo, el envío instantáneo de una imagen en vivo de un extremo al otro del mundo o los packs de derivados de algoritmos que provocaron la gran caída de la bolsa de 2008. La comunicación es ahora difícil, como si faltase un link. Como si algunos archivos estuviesen offline y fuese imposible acceder a ellos. La pregunta es si podremos algún día traducir al lenguaje humano el código de la abstracción en la que estamos sumergidos.

6 de mayo 2017, mi departamento. El texto parece estar listo pero también abierto. Hay un párrafo en el que no nos ponemos de acuerdo. Cada uno escribe una propuesta para reemplazarlo.

En el foro de WordReference.com el usuario mabelroman realiza la siguiente entrada:
Me gustaría saber cuál es la mejor manera de decir si tengo un espacio de exposición en una feria ¿Debo decir booth o stand? La intención de la consulta no está exclusivamente relacionada con un interés por la precisión en el lenguaje. Tras la pregunta se esconde una preocupación: ¿qué palabra oculta mejor el carácter comercial de aquella unidad arquitectónica?

26 de abril de 2017, fiesta en el taller de un amigo. Alan me cuenta del día que leyó en un estado de Facebook que Mark Fisher se suicidó. Todo parece relacionarse con Los Derivados. Pienso que es momento de afirmar que nos encontramos ante un gran fracaso, no dejo de pensar que fue él quien nos explicó todo esto.

Hoy el anticapitalismo está ampliamente difundido en el interior del capitalismo mismo. Hay una fórmula que parece funcionar: exhibir nuestro anticapitalismo nos permite seguir consumiendo de manera impune. Estamos autorizados a seguir participando en el intercambio capitalista, siempre y cuando consideremos, en nuestro interior, que es algo muy (muy) malo.

5 de febrero de 2017, Ezeiza. Mi vuelo a Madrid está retrasado, estoy agotada. Intento leer 24/7 de Jonathan Crary. Recuerdo esa clase en donde Alan y yo leímos juntos: el sueño es el único lugar donde no consumimos. Entonces la cuestión sería activar en nuestro tiempo sensible, en nuestra vigilia, una dimensión alterna, una nueva subjetividad en relación al dinero, al cuerpo, a una obra de arte. Cuatro horas más tarde los altoparlantes anuncian la salida del vuelo. El avión con destino a Madrid donde participaremos en la feria Arco está pronto a partir.
Planeo soñar todo el viaje.