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Exhibitions
Artists
Month
Year
04
Sagrado Corazón de Bizcochuelet
Junio
2012
 

Decobulario. Ocean decó no está mal. Quizá sea mejor: Decó oceanique, dándole ese toque francés. Me divierte Decó teológico, buscando un juego con la estética-madre de Mundo Dios, pero es demasiado críptico, muy de contraseña. Decó portuario es sugestivo, pero implica mucho más de lo que necesitamos. Decó Feliz (por La Feliz), no lo desecharía. Tiene algo. Estoy pensando en voz alta mientras escribo, buscando un nombre para ese estilo con el que nos viene sorprendiendo Daniel Basso. Las primeras obras suyas que conocí fueron los alerones para Chevy y la bijouterie para camiones, ya dos clásicos, y la verdad es que no era tan fácil ligarlas a la ciudad que proveyó todo, Mar del Plata. Pero una vez que comenzó a difundirse su mobiliario y diseño de interiores, una sensación marplatense canibalizó todo. Daniel Basso piensa, imagina, diseña y propone en marplatense. Me explico: transformó a Mar del Plata en un lenguaje visual propio. Por eso es que estoy tratando de encontrar las palabras exactas para rotular a sus creaciones. Decó de Playa Grande también me gusta, pero es muy restrictivo.
La Rambla de la Historia. Como cualquier otro estilo, el Decó es un modo de nombrar un tiempo histórico. No por otra cosa utilicé en el subtítulo esa cualidad, la Acronicidad. ¿A qué década remite el estilo de Basso? Para cualquier argentino, a ese tiempo difuso de unas vacaciones eternas. También para un marplatense. Ocio oceánico. Profundas meditaciones de un flâneur en la Rambla. No es nada fácil conquistar la sabiduría del ocio, menos todavía del ocio frente al mar. Se dijo muchas veces que Buenos Aires, como otras tantas ciudades argentinas, da la espalda al río, al mar. El estilo de Basso invita a lo contrario, es marplatense: te vende al mar. Turner la tenía clara: los designios de Poseidón pueden ser terroríficos, pero siempre elegantes.
Felizópolis. Enrique Pichón-Rivière, uno de los pioneros del psicoanálisis en el país, insistía en que en toda locura podemos auscultar una tristeza de origen. Otra vez el estilo de Basso desmiente la norma: su Happy Decó (sigo tirando nombres) demuestra que existe una locura en la felicidad y al revés.
Racionalidad festiva. ¿Se acuerdan del monólogo inicial de la película Medianeras? Toda una lección de crítica urbanística, que resulta más aguda que cualquier devaneo situacionista. Arquitectónicamente hablando, ya sabemos el racionalismo dispara su alienación moder- nista. En las andanzas de diseño de Basso aparece esa alienación, pero es la patología que todos anhelamos: un estilo de fiesta, unas formas de donde soñamos extraer la fórmula de la dicha en maremoto.
¡Asesíname! Adolf Loos hizo escuela con su policial para arquitectos y estilistas. Permítaseme, una vez más, dar vuelta su dictum abusan- do de las bondades del estilo Basso: un serial killer del ornamento para el Siglo XXI.
Puzzle-Decó. Cada nueva entrega de nuestro artista nos hace repensar los límites de su estilo. No porque los desmienta, al revés ¡los reafirma y multiplica! Sabemos que su próxima exhibición será otro segmento de su edificio estético, una pieza más de encastre perfecto. Basso actúa como un experto en Tetris: hace muy poco volvió a destaparse como constructor de VIPS para fiestas, hoy nos regresa a sus interiores esmerados, a esos difusores de referencias que explotan en nuevas metástasis.
Sagrado Corazón de Bizcochuelet nos enseña que la repostería también es lo suyo, que siempre estuvimos frente a un Decó Gastronómi- co (las pistas ya estaban: hagan memoria, recuerden esos arreglos frutales con los que nos invitó a degustar el Museo de la Arquitectura en Buenos Aires. En esa oportunidad convirtió esa fría pieza ferroviaria en un sabroso refugio para Carmen Miranda). ¿Será este un Decó Petrónico –por Doña Petrona C. -?
Definitivamente, su Decó, adjetivado del modo que sea, siempre será un Gusto, con mayúsculas.

Rafael Cippolini
En el frío otoño de 2012

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#04
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Sagrado Corazón de Bizcochuelet
Daniel Basso
Junio 2012

Decobulario. Ocean decó no está mal. Quizá sea mejor: Decó oceanique, dándole ese toque francés. Me divierte Decó teológico, buscando un juego con la estética-madre de Mundo Dios, pero es demasiado críptico, muy de contraseña. Decó portuario es sugestivo, pero implica mucho más de lo que necesitamos. Decó Feliz (por La Feliz), no lo desecharía. Tiene algo. Estoy pensando en voz alta mientras escribo, buscando un nombre para ese estilo con el que nos viene sorprendiendo Daniel Basso. Las primeras obras suyas que conocí fueron los alerones para Chevy y la bijouterie para camiones, ya dos clásicos, y la verdad es que no era tan fácil ligarlas a la ciudad que proveyó todo, Mar del Plata. Pero una vez que comenzó a difundirse su mobiliario y diseño de interiores, una sensación marplatense canibalizó todo. Daniel Basso piensa, imagina, diseña y propone en marplatense. Me explico: transformó a Mar del Plata en un lenguaje visual propio. Por eso es que estoy tratando de encontrar las palabras exactas para rotular a sus creaciones. Decó de Playa Grande también me gusta, pero es muy restrictivo.
La Rambla de la Historia. Como cualquier otro estilo, el Decó es un modo de nombrar un tiempo histórico. No por otra cosa utilicé en el subtítulo esa cualidad, la Acronicidad. ¿A qué década remite el estilo de Basso? Para cualquier argentino, a ese tiempo difuso de unas vacaciones eternas. También para un marplatense. Ocio oceánico. Profundas meditaciones de un flâneur en la Rambla. No es nada fácil conquistar la sabiduría del ocio, menos todavía del ocio frente al mar. Se dijo muchas veces que Buenos Aires, como otras tantas ciudades argentinas, da la espalda al río, al mar. El estilo de Basso invita a lo contrario, es marplatense: te vende al mar. Turner la tenía clara: los designios de Poseidón pueden ser terroríficos, pero siempre elegantes.
Felizópolis. Enrique Pichón-Rivière, uno de los pioneros del psicoanálisis en el país, insistía en que en toda locura podemos auscultar una tristeza de origen. Otra vez el estilo de Basso desmiente la norma: su Happy Decó (sigo tirando nombres) demuestra que existe una locura en la felicidad y al revés.
Racionalidad festiva. ¿Se acuerdan del monólogo inicial de la película Medianeras? Toda una lección de crítica urbanística, que resulta más aguda que cualquier devaneo situacionista. Arquitectónicamente hablando, ya sabemos el racionalismo dispara su alienación moder- nista. En las andanzas de diseño de Basso aparece esa alienación, pero es la patología que todos anhelamos: un estilo de fiesta, unas formas de donde soñamos extraer la fórmula de la dicha en maremoto.
¡Asesíname! Adolf Loos hizo escuela con su policial para arquitectos y estilistas. Permítaseme, una vez más, dar vuelta su dictum abusan- do de las bondades del estilo Basso: un serial killer del ornamento para el Siglo XXI.
Puzzle-Decó. Cada nueva entrega de nuestro artista nos hace repensar los límites de su estilo. No porque los desmienta, al revés ¡los reafirma y multiplica! Sabemos que su próxima exhibición será otro segmento de su edificio estético, una pieza más de encastre perfecto. Basso actúa como un experto en Tetris: hace muy poco volvió a destaparse como constructor de VIPS para fiestas, hoy nos regresa a sus interiores esmerados, a esos difusores de referencias que explotan en nuevas metástasis.
Sagrado Corazón de Bizcochuelet nos enseña que la repostería también es lo suyo, que siempre estuvimos frente a un Decó Gastronómi- co (las pistas ya estaban: hagan memoria, recuerden esos arreglos frutales con los que nos invitó a degustar el Museo de la Arquitectura en Buenos Aires. En esa oportunidad convirtió esa fría pieza ferroviaria en un sabroso refugio para Carmen Miranda). ¿Será este un Decó Petrónico –por Doña Petrona C. -?
Definitivamente, su Decó, adjetivado del modo que sea, siempre será un Gusto, con mayúsculas.

Rafael Cippolini
En el frío otoño de 2012