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Exhibitions
Artists
Month
Year
32
Un Pelo en la Pintura
Abril
2017
 

El cuarto estaba muy caliente, como si la última corriente de aire de la ciudad hubiera quedado envasada dentro de una obra de arte contemporáneo. Esas que creen ser esculturas inflables y que nos demandan especial exigencia a la hora de ser vistas y relacionarnos con ellas.

Apagué la luz y con ella se fue la última fuente de calor que me invadía; la noche trajo sueños e intermitentes pausas. Es que la tela es así de memoriosa, guarda todo lo que la roza acumulando registros infinitos de intimidad.
Me cubrí bajo el gris de su color conviviendo con el olor de mi piel, mi calor y temperatura móvil.

Estar consciente, con el tacto activo y los oídos atentos; con la imposibilidad de hablar y de moverme es lo que me provoca esa ansiedad ridícula que tanto disfruto:
Deformación de los sentidos, pérdida de la percepción física y una atención especial al universo de la visión del que se escapan imágenes y residuos de la mente.
Estos segundos que terminan con un nocaut y la almohada mojada me recuerdan a las representaciones que Sebastián Garbrecht nos trae al presente en su hacer.

Estas últimas obras parecieran guardar en su trama los vestigios de un deseo, una tersura aplastante y el principio de aquel ensueño que las hace sexuales de cerebro.
Una suerte de disco rígido que conserva el parpadeo de su pulso visual y sanguíneo. Imágenes que se nos escapan de la mente y que se manifiestan visibles a los costados de nuestra cabeza. De las que nadie habla y que solo algunos parecieran ver.
Relámpagos de concentración y pérdida, escape involuntario y manifestación directa.

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#32
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Un Pelo en la Pintura
Sebastian Garbrecht
Abril 2017

El cuarto estaba muy caliente, como si la última corriente de aire de la ciudad hubiera quedado envasada dentro de una obra de arte contemporáneo. Esas que creen ser esculturas inflables y que nos demandan especial exigencia a la hora de ser vistas y relacionarnos con ellas.

Apagué la luz y con ella se fue la última fuente de calor que me invadía; la noche trajo sueños e intermitentes pausas. Es que la tela es así de memoriosa, guarda todo lo que la roza acumulando registros infinitos de intimidad.
Me cubrí bajo el gris de su color conviviendo con el olor de mi piel, mi calor y temperatura móvil.

Estar consciente, con el tacto activo y los oídos atentos; con la imposibilidad de hablar y de moverme es lo que me provoca esa ansiedad ridícula que tanto disfruto:
Deformación de los sentidos, pérdida de la percepción física y una atención especial al universo de la visión del que se escapan imágenes y residuos de la mente.
Estos segundos que terminan con un nocaut y la almohada mojada me recuerdan a las representaciones que Sebastián Garbrecht nos trae al presente en su hacer.

Estas últimas obras parecieran guardar en su trama los vestigios de un deseo, una tersura aplastante y el principio de aquel ensueño que las hace sexuales de cerebro.
Una suerte de disco rígido que conserva el parpadeo de su pulso visual y sanguíneo. Imágenes que se nos escapan de la mente y que se manifiestan visibles a los costados de nuestra cabeza. De las que nadie habla y que solo algunos parecieran ver.
Relámpagos de concentración y pérdida, escape involuntario y manifestación directa.